martes, 19 de mayo de 2015

La belleza de la rehala

En la anterior entrada, incluí la referencia a un alumno que tronchaba la belleza, es decir, la escribía con "v". Y argüía yo el trabajo que nos quedaba por recorrer hasta que entendiera su necesidad. Pues bien, tal que ayer y a propósito de un diálogo dramatizado que tienen que elaborar en equipo el conjunto de alumnos de su grupo, el  segador de belleza se despachó con el gusto por incluir como personaje a un rehalero. Por supuesto, excepto él que ama la naturaleza y la caza, ninguno más sabía qué era un rehalero o una rehala. Incluso yo, pensaba que solo se escribía sin -h- intercalada. Pero él insistió en que esa -h- estaba presente en su memoria. Recordaba que la había visto nítidamente atravesada en la palabra. 

Hasta tal punto ha cobrado importancia el rehalero en el diálogo que ya ha elaborado con su grupo que ha quedado redondo, matizado y con un bello dolor. El conjunto de personajes tenían que encarnar los principales estilos comunicativos que suelen darse en un diálogo: inhibido, agresivo y asertivo. No han quedado mal los cazadores que lo acompañan en la conversación pero ni asomo comparativo con el rehalero que pierde accidentalmente a su mejor perro (un desgraciado y principiante disparo), ese que se jugaba la vida atravesando  zarzas. Y cómo monologa finalmente sobre el amargo azar y la necesaria resiliencia.

Aún hay mucho destrozo y mucha cacografía en su escritura pero, quizá por aquí, lo mismo va y roza la belleza. Me gustaría. Y creo que a él también.

viernes, 1 de mayo de 2015

De lecturas y viajes definitivos

Al cierre del libresco abril, necesito hablar de libros, lecturas y despedidas. Cada vez me atribula más la paradoja de las efemérides: ponen de actualidad un hecho o acontecimiento que se considera relevante a la par que lo liquidan. El 23 de abril de cada año abrimos en abanico a Cervantes (quizá menos sus letras que sus huesos), lo engalanamos, lo festejamos y al acabar el día lo cerramos. Así  permanecerá enclaustrado hasta  nuevo y airoso fasto primaveral. Mientras tanto, nuestras lustradas conciencias, individuales y colectivas, descansarán satisfechas para atender otra gloriosa conmemoración. Hay más días internacionales que ollas populares.

Por eso, en pleno puente viajero que recuerda nuestra condición laboral y aprovecha el buen tiempo, y por la atribulación que me produce el afán celebrador del que uno también forma parte, quiero atender hoy a lo pequeño, a lo laborable, a lo cotidiano y a lo turbadoramente valioso. Como decían los realistas franceses: "Le petit fait vrai."

Los libros que me importan y me impresionan (que me tocan por fuera y me trastocan por dentro) me hacen vivir más porque me hacen ser otro, porque me hacen ser más yo y, sobre todo, porque me hacen sentir mejor a quienes amo. Tengo muchas libros trenzados con  personas valiosas. Estimo a quienes leen. Estimo que nos leamos. Afortunadamente, disfruto de su compañía y de su calorcito: voraces y meticulosas lectoras; impulsivos y desarrimados lectores; escuchadores infatigables de estrambóticas historias paternas.

Pero hoy quiero hablar sobre todo, aún con el rastro en mis ojos de su mirada inteligente y huidiza, de una lectora y dos libros. Me recomendó más, pero especialmente estos dos harán que, a pesar de su viaje definitivo, ella pasee discretamente por mis más firmes adentros; al menos, mientras yo sea o recuerde haber sido un profesor letraherido.

Nunca olvides que te quiero es el primero. De Delphine Bertholon. Una novela a tres voces, entre las que destaca poderosamente la de la madre de Madison, la niña secuestrada. Las cartas que le escribe a la hija ausente son pura y trágica verdad.

Y el otro Mal de escuela de Daniel Pennac que, como buen cancre, cuenta cómo la literatura le salvó la vida. Tengo muy presentes las enseñanzas de Pennac que me alumbró mi lectora.  Siempre trato con algunos adolescentes con problemas de respiración intelectual. Tengo este curso uno que troncha la belleza: la escribe con v. Y a menudo pienso: "¡Qué largo camino nos queda por recorrer hasta que entienda su necesidad en este asqueroso mundo!"

Pues bien, aunque soy un lector a la penúltima y con la tradición francesa en estima, mi compañera lectora, que poseía una notable condición múltiple (ciencianaturalista, artista, tallerista, ...), me regaló estos valiosos fulgores para transitar por el sorprendente camino de la belleza.

Valga hoy este mi pequeño homenaje. In memoriam.


martes, 20 de enero de 2015

La activa comprensión

Partamos del siguiente texto del "goyizado" David Trueba:

 Distancia 

Ha sorprendido la reacción de los profesionales de la televisión en los instantes posteriores al desplome del jugador de fútbol Fabrice Muamba durante el partido que enfrentaba a su equipo, el Bolton, contra el Tottenham en White Heart Lane. La decisión de abrir el plano y mostrar panorámicas generales, optando por el respeto a la tragedia personal choca contra una sensibilidad ya inoculada entre nosotros, donde lo habitual es hurgar en el drama ajeno como si fuera un derecho que los espectadores se han ganado por la autoridad de asistir en directo al espectáculo. Por otro lado, esa actitud viene heredada de un periodismo triunfante que se considera al margen de cualquier norma, las mismas que exige de manera contundente a los demás actores públicos, en un ejercicio esmerado de incoherencia. Uno de los males mayores del periodismo proviene de considerarse una autoridad superior sobre la conducta social, algo así como jueces y tutores de las costumbres de toda persona en su radio de observación, pero jamás aplicar ese rigor a su acción profesional.

Por eso, que a órdenes del realizador los cámaras de la ESPN se distanciaran de lo que en ese momento estaba pasando, a algunos les sonaría más a autocensura que a respeto profesional. He ahí un buen examen personal para los espectadores. Los que sintieron que les escamoteaban un derecho, los que exigían, allí y en ese momento, presenciar la lucha por la supervivencia del deportista congoleño, atendían a un instinto. Los potentes teleobjetivos se apropiarían de los detalles más angustiosos para que pudieran repetirse una vez y otra en los noticiarios, en portales de Internet y en las redes sociales. Pasado un tiempo, desdramatizada la tragedia por la distancia, la agonía se podría utilizar en vídeos sacados de contexto y llenos de risas, como sucede siempre. Pero la cabeza del realizador funcionó a gran velocidad, con una consigna más constructiva. Mantener una mirada respetuosa e informativa, pero no carroñera. Parece fácil, pero estén seguros de que por la mente de los responsables de transmitir ese momento también cruzaron las tentaciones, el morbo y la obtusa idea del éxito popular. Si la actitud llamó la atención es porque desde hace tiempo nuestros ojos están en otras manos. 
David Trueba, El País, 18 de marzo de 2012



A continuación plantearemos dos formas distintas de responder a la organización de ideas del mismo, conforme a lo que se solicita en la 1ª pregunta de Comentario de Texto y Lengua Castellana y Literatura en las Pruebas de Acceso a la Universidad en Andalucía.

RESPUESTA A:

Este texto consta de dos partes:
  • En el primer párrafo el autor nos describe qué sucedió en un partido de fútbol en el cual un jugador se desplomó y la rápida actuación de las cámaras debido a la decisión tomada por el realizador de no mostrar imágenes dramáticas. 
  • En el segundo párrafo, nos da argumentos de por qué no mostraba estas imágenes y todas las consecuencias que conllevaría mostrarlas. Además, nos describe la posición que mantendrían algunos telespectadores de querer ver la supervivencia del deportista. 

RESPUESTA B:

·         Enumeración de ideas:


ü  Sorprende la decisión de mostrar el derrumbe de un jugador de fútbol en el campo mediante planos generales.
ü  Las imágenes panorámicas muestran un respeto por las tragedias personales.
ü  Las imágenes en detalle, ralentizadas y repetidas de una tragedia alimentan el morbo de los espectadores.
ü  Es habitual el deseo instintivo de los espectadores de hurgar en las tragedias ajenas.
ü  El periodismo triunfante se considera una autoridad moral sobre la conducta social.
ü  Ese periodismo triunfante se considera al margen de cualquier norma.
ü  Determinados espectadores pueden entender la distancia y el respeto informativo como autocensura de los medios.
ü  No es habitual mantener una mirada respetuosa e informativa sobre las tragedias.


·Organización de las ideas:



  Los medios de comunicación suelen alimentar el morbo sobre las noticias trágicas.
         
Ya que

Utilizan imágenes en detalle, ralentizadas y repetidas.

Pues
 
Se consideran al margen de cualquier norma

Por eso

Es habitual el deseo instintivo de los espectadores de hurgar en las tragedias ajenas.

Sin embargo

Hay ocasiones en que se mantiene una distancia respetuosa e informativa.

Aunque

Determinados espectadores puedan interpretarla como autocensura de los medios.

  • Tipo de estructura: inductiva ya que se inicia la columna periodística con la respetuosa retransmisión del desplome de Fabrice Muamba y se concluye con la tesis de que la mayoría de los medios alimentan nuestro morbo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Motivos para comentar


A poco que convengáis con Savater, puestos a asumir la sombra, es mejor vivir estos tiempos "asombrado" que "sombrío". Es decir, hay que enfrentar este presente difícil y desagradable que nos desanima con la pasión que la ocasión exige. Porque desde el pozo se ven mejor las estrellas. Tanto más si uno está recién caído de cabeza.

Pues bien, ¿qué tal si combatimos la corrupción con corrección? La ortográfica, si puede ser. Y la expresiva, que suele proceder de un buen discurrimiento que deriva de las rebeldes lecturas de la realidad. Porque, quizá ahora, nuestro mayor acto de rebeldía contra viajes senatoriales y atrocidades contables sea la voz sonora de nuestras verdades. Con comentarios a veces irónicos, a veces profundos, a veces líricos. Es tiempo de que (al contrario del cantar machadiano) de cada diez cabezas, nuestras nueve piensen para que la del poder ya no embista.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Cómo conjurar la intemperie

Puestos en la necesidad de conjurar la intemperie (sol que achicharra o lluvia que inunda) y ya que no podemos evitar que quienes nos gobiernan y nos construyen la opinión nos cuenten cuentos, más valen aquellos que aleccionan y fortalecen el ánimo que estos contemporáneos y serviles que solo buscan tomarnos el pelo. Comencemos con uno de Nasrudín, ese Mulá (maestro), personaje mítico de la tradición popular sufí:

Un día de invierno, el juez encontró a Nasrudín en el mercado.
—Extraordinario—dijo pensativamente—llevo el más cálido de mis mantos forrados de piel y sin embargo, estoy helado por el viento. Mientras que tú, vestido con harapos, no pareces sentir el frío. ¿Cómo es posible?
—Un hombre que lleva encima toda su ropa no se puede permitir tener frío—contestó Nasrudín”.

Entereza y lección. Como en el microcuento de Augusto Monterroso, el dinosaurio de la crisis va para largo. Despertamos del sueño, caímos en el pasmo y hoy ya no hay quien duerma, no hay quien sueñe. Pero, también sabemos por Borges qué sucede a quien desprecia o ningunea sus sueños. Historia de los dos que soñaron es un cuento de ambientación oriental en el que el cairota Yacub El Magrebí, magnánimo y liberal, pierde todas sus riquezas (menos la casa de su padre) y tiene que trabajar (como nosotros) para ganarse el pan. Un día, rendido por el trabajo, sueña con un desconocido que le dice que vaya a buscar su fortuna en Persia, en Isfaján. Tras afrontar “los peligros de los desiertos, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres” (sobre todo de los hombres), topa en Isfaján con el capitán de los serenos que desprecia tanto el sueño cairota como el isfahaní propio, sin atender a su vínculo. “Bajo la sola fe de su sueño” y tras larga travesía de ida y vuelta, Yacub es recompensado.

Todavía un tercero cuento de ambientación oriental. De Ricardo Gómez, perteneciente a su libro Cuentos crudos en el que, pese a la crudeza de sus vidas, los personajes están cargados de esperanza. Así sucede en el titulado El cartero de Bagdad que de tal forma termina: 

Ojalá la noche fuera tranquila y no hubiese explosiones. Entre otras cosas, porque tenía ganas de trabajar y a él le gustaba su trabajo. Saludó a las mujeres en la cocina, un instante después de pensar que no había placer mayor en el mundo que el de ser cartero en Bagdad”.

Como la ficción nos enseña, no podemos permitirnos el lujo de tener frío ni despreciar nuestros sueños ni mucho menos desesperanzarnos, por más que el monstruo nos sobrecoja. Hay que darle la vuelta al cuerpo y al alma pues toda crisis conjuga peligros y oportunidades. En chino, la palabra “crisis” (weiji) se compone de dos ideogramas: Wei que se traduce como “peligro” y  Ji como “oportunidad”. El envés de una maldita realidad es un sueño liberador. Como alguna vez le he escuchado a Antonio Carvajal, tenemos derecho, hasta el fin de nuestros días, al sueño y al delirio.

martes, 28 de mayo de 2013

Profesa: déjate llevar

Profesar es ejercer una ciencia, oficio, arte...También enseñarlo con inclinación y continuidad. Incluso creer y obligarse a creer, no solo ni necesariamente en una doctrina, sino, para mi gusto, mejor en un afecto sentido, inclinado y perseverante.

Y todo camino porfiado comienza por unos primeros pasos en los que hay que dejarse llevar, godeo a godeo... hasta llegar al regodeo.


Por qué acre pudiendo alacre

Aclarémonos. Estamos hablando de alegría y presteza del ánimo para hacer algo. Cualidad básica de quien emprende y sostiene el empeño a pesar de las malaventuras o de los infortunios. Lo veo en mis alumnos y en mis compañeros. Mejor dicho, (fuera sexieufemismos), en mis alumnas y en mis compañeras. Afortunadamente, no es rasgo que singularice una determinada edad. Hay jóvenes displicentes que se inician en la profesión como si el mundo necesitara su espíritu quejoso y mayores vivaces que, con sus cotidianos gestos de celebración de la vida, alimentan las ganas de quienes les acompañan en su aventura. Será más bien cuestión de carácter e itinerario. Lo cual no obsta para que sigamos encontrando ejemplos que alimenten los tópicos (haberlas hailas) de la joven animosa y la mayor huraña; de la ingenua lozana y la experta desengañada. O el perito en acrimonias que decide extender sus asperezas por el ancho mundo. Por eso, sin duda, mejor alacre.