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lunes, 17 de noviembre de 2014

Motivos para comentar


A poco que convengáis con Savater, puestos a asumir la sombra, es mejor vivir estos tiempos "asombrado" que "sombrío". Es decir, hay que enfrentar este presente difícil y desagradable que nos desanima con la pasión que la ocasión exige. Porque desde el pozo se ven mejor las estrellas. Tanto más si uno está recién caído de cabeza.

Pues bien, ¿qué tal si combatimos la corrupción con corrección? La ortográfica, si puede ser. Y la expresiva, que suele proceder de un buen discurrimiento que deriva de las rebeldes lecturas de la realidad. Porque, quizá ahora, nuestro mayor acto de rebeldía contra viajes senatoriales y atrocidades contables sea la voz sonora de nuestras verdades. Con comentarios a veces irónicos, a veces profundos, a veces líricos. Es tiempo de que (al contrario del cantar machadiano) de cada diez cabezas, nuestras nueve piensen para que la del poder ya no embista.

lunes, 30 de enero de 2012

Del directo discurso al indirecto estilo

Para trasegar en boca ajena las palabras propias, no siempre el proceder mimético es el más ajustado. Los estilos comunicativos, los matices y las intenciones de quienes dialogan quizá queden más oportunamente reflejados si seleccionamos las intervenciones más sugerentes y relevantes, las que mejor definen el carácter y la actitud de los personajes.

Veámoslo en la transformación del siguiente fragmento de la novela de Delphine Bertholon Nunca olvides que te quiero:

" R. simplemente apesta, aunque siempre vaya bien afeitado, lleve camisas perfectamente planchadas y corbatas con flores, como si acabara de salir de un trabajo muy serio (a veces habla de la «Compañía», pero no tengo ni idea de qué compañía se trata).
— ¿Por qué no tiene hijos?
Se rascó la parte de arriba de la frente (aquel punto que recuerda un acantilado
porque su pelo cae como en cascada), lo que significa: No tengo intención de
responderte.
—Tampoco está tan mal. En serio. ¿Sigue sin tener novia? Seguro que gusta a las chicas... ¿No?
—No.
—Vamos a ver, ¿qué edad tiene?
—Muchas preguntas haces hoy. ¿Por qué no lo has preguntado antes si te
interesaba tanto?
—Antes no me interesaba. Ahora sí.
—¿Es por culpa del cuaderno? ¿De lo que escribes ahí?
—¿Por qué responde a mis preguntas con preguntas? Eso es un coñazo.
La mano que rascaba su acantilado fue a meterse entre sus muslos.
—Tengo treinta y un años. Es decir, en octubre.
—¿Ah, sí? ¿Es Libra o Escorpión?
—¿Te gusta la astrología? Te creía más inteligente. Eso son sandeces.
Me ponía tan nerviosa que no respondiera lo que yo quería saber que pasé a la
técnica del enfurruñamiento: cruzo los brazos, frunzo las cejas y echo los labios tan adelante como puedo, funcionaba requetebién con mamá. R. soltó un suspiro como mi globo que se deshincha.
—Escorpión, para tu información.
Pensé: «¡Me extraña!». Pero dije:
— ¿Y cuántos días faltan exactamente para su cumpleaños? ¿Podría
hacerle un dibujo, escribir una poesía, algo así?
Abrió la boca pero volvió a cerrarla. Durante el segundo en que la mantuvo
abierta, mi corazón pareció que iba a desengancharse como una vagoneta de una atracción de feria en una curva. Se levantó de la cama demasiado deprisa.
—Es tarde. Tengo que fregar los platos.
Cogió la bandeja de mi cena y se dispuso a salir.
—Pero ¿qué le importa? ¿Por qué no quiere que sepa el tiempo que llevo aquí? ¡Ya está bien, mierda! ¡Tengo derecho a saberlo!
Estaba de pie en la cama, metida en aquella cutrez de pijama de Winny el Osito como todas las cutreces que me obliga a ponerme. Además, ¡este pijama está desgarrado! Me entraron ganas de llorar, pero había llorado tanto antes que ya no me quedaban lágrimas, y ya había aprendido a transformarlas en salidas desagradables.
—¡Pues haga un hijo en vez de coger los que no son suyos! ¡De todos modos me están buscando! ¡No han dejado de buscarme! ¡No me creo nada de sus trolas! ¡Me buscan y algún día me encontrarán porque es imposible que no lo hagan y usted se pasará la vida en una asquerosa cárcel!
Se cerró el pestillo. Seguí gritando, pero no mucho tiempo".

Posible transformación en discurso indirecto:

Aquella mañana intenté otra estrategia para camelarme a R. Es superior a mis fuerzas; por más que se limpie, se afeite y se perfume, apesta. Aunque se ponga sus camisitas perfectamente planchadas y sus corbatas de flores. Empecé, como quien no quiere la cosa, por interesarme por su vida. Quería ganarme su confianza. Le pregunté que por qué no tenía hijos si estaba de buen ver. Me interesé por su edad pero él se mostraba receloso y prudente; dudaba de mi repentino interés y en sus preguntas se mostraba el reproche. Cuando ya veía que me intentaba acorralar con lo del cuaderno, entonces aparentaba estar indignada y cansada de su actitud. 

Ese juego entre atención e indignación hizo que me revelara su edad: 31 años en octubre. Por fin un dato que me permitiera averiguar cuanto tiempo llevaba encerrada. Le pregunté por su horóscopo y, al ver que no me quería responder, volví a la táctica del enfurruñamiento. Escorpión. ¡Bien, aquello funcionaba! Ya solo me faltaba desentrañar cuánto faltaba para su cumpleaños. Cuando le dije que quería saberlo para hacerle un regalo muy personal, casi lo consigo. Durante un segundo abrió la boca y mi corazón pareció que iba a desengancharse como una vagoneta de una atracción de feria en una curva. Pero volvió a cerrarla y se levantó de la cama demasiado deprisa. 

Entonces, no pude más y le rogué, le exigí y le amenacé. Una vez más, ante tanta impotencia, me entraron unas ganas enormes de llorar pero, en ausencia de lágrimas, había aprendido a responder desagradablemente. Le dije que se dedicara a hacer sus propios hijos en lugar de robar los ajenos. Le avisé de que estaba segura de que me estaban buscando y que algún día el se pudriría en la cárcel.

Finalmente, se cerró el pestillo y seguí gritando pero no por mucho tiempo.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Extravíos expresivos

En una nota de bienvenida a la escuela para familias, en un apartado relativo al uso de uniformes,  se lee el siguiente párrafo:

Tras la realización de una propuesta por parte del AMPA la cual fue posteriormente respaldada por la mayoría de padres y madres de nuestra escuela, a través de una encuesta realizada el curso pasado y cuyos resultados fueron la aprobación del uso del uniforme y que nuestro Equipo Educativo respetó, al igual se respetarán a aquellos padres que no quieran uniforme para sus hijos/as ya que su uso es con carácter voluntario.”

Es modélico este fragmento por la concentración de extravíos expresivos:

  • El párrafo está formado por una sola oración.
  • Hay faltas de concordancia y solecismos: “se respetarán a aquellos padres”.
  • Aparecen paráfrasis y circunloquios innecesarios que, por querer incluir lo obvio, alargan y complican la expresión.  Se confunde la claridad con la obviedad. Lo que el párrafo pretende señalar es  simplemente que, a propuesta del AMPA, se realizó una encuesta en la que la mayoría de las familias confirmó el deseo de que sus hijos e hijas utilicen uniforme. El carácter voluntario del mismo será respetado por el Equipo Directivo. 
Con la idea de querer decirlo todo, mediante la inclusión de numerosos matices y especificaciones, acabamos construyendo un texto con numerosos incisos que no sólo ralentizan la lectura sino que, peor aún, promueven su abandono. Así pues, llaneza sin encumbramiento, como dijera Cervantes.

Signos de puntuación

Es bastante frecuente encontrar textos impresos con errores de puntuación. En el anverso y reverso de la caja de un champú para el tratamiento de la dermatitis se lee: “Alivio sintomático de las alteraciones capilares descamativas, tales como; dermatitis seborreica, psoriasiforme, caspa y picor del cuero cabelludo”. Se puede apreciar en este mínimo texto la confusión entre el signo del punto y coma (;) y el de los dos puntos (:). Esto se debe, en gran medida, al descuido y desatención con que se tratan estos signos pues  se consideran errores menos llamativos que los ortográficos o sintácticos. Si jugamos con la etimología de la palabra texto como tejido, podríamos decir que un error ortográfico como “Se hechó a dormir” sería como una mancha de aceite en la solapa de una chaqueta: evidente, notoria y molesta. Un error de puntuación como “El animalito, buscó refugio en la cueva” supondría que la chaqueta tuviera una manga más larga que otra o no fuera de nuestra medida. Es más llamativa la mancha ortográfica pero más problemática la asimétrica puntuación.


También es cierto que las reglas de puntuación tienen un margen de subjetividad y, en ocasiones, su uso depende de las preferencias estilísticas de quien escribe: un punto y coma por una coma, un punto por un punto y coma, un punto y aparte en lugar de un punto y seguido,… A pesar de esto, los más frecuentes signos de puntuación tienen una serie de reglas claras y objetivas sobre su uso y su restricción.

Los signos de puntuación organizan un texto escrito y evitan la ambigüedad. Sin ellos sería muy difícil y tedioso entenderlo, a la vez que cabrían diferentes, si no contrarias interpretaciones. Con ellos organizamos diferentes oraciones o párrafos que hacen avanzar la información, separamos las ideas principales de las secundarias, ponemos en relación distintas acciones o cualidades y, en definitiva, damos coherencia y cohesión al texto.

Con frecuencia, se ha dicho que los signos de puntuación reproducen las pausas entonativas que realizamos al hablar. Esto no siempre es así, incluso en ocasiones lleva a confusión. A veces, al hablar hacemos pausas para enfatizar el discurso que no tendrán reflejo mediante signo de puntuación en la escritura. Así, por ejemplo, si queremos resaltar el punto de vista personal y la identidad de lo que decimos, podemos hacer una marcada pausa oral entre el sujeto y el verbo, que no tendrá reflejo en la escritura.

Por tanto, conviene evitar la relación entre entonación y signos de puntuación  y asociarlos mejor con la estructura sintáctica y semántica de la oración y del párrafo. A continuación se exponen las principales reglas de los signos de puntuación de mayor frecuencia de uso y los errores más comunes.

REGLAS DE PUNTUACIÓN
La coma una pausa corta que se produce dentro de un enunciado. Tiene usos variados:
  • Para separar los elementos de una enumeración o lista, sean estos sustantivos, adjetivos o proposiciones ya sean coordinadas o subordinadas: Confundía el uso de puntos, comas ,rayas, guiones,…
  • Para separar un inciso o aposición que se haga en el discurso: El uso de los signos de puntuación, no está de más señalarlo, es bastante errático./Tu hijo, Pablo, se abstrae con frecuencia.
  • Cuando en una oración hay dos sentencias opuestas con más, pero, aunque, sin embargo,…: David tenía sueño, pero no quería echarse la siesta.
  • Después de conjunciones o locuciones conjuntivas como entonces, es decir, por último, así pues, asimismo,…: Por último, debemos evaluar lo hecho.
  • Para separar el vocativo: Niña, espérame en el parque.
  • Cuando se suprime algún elemento previamente aludido. Entonces se coloca la coma en lugar del elemento suprimido, generalmente un verbo, para evitar la reiteración: Ellos quieren ir a la playa; nosotros, a disfrutar del bosque.
  • Tras un complemento circunstancial que inicia oración: Tras las vacaciones, cuesta reemprender los esfuerzos intelectuales.
  • Para separar el lugar y la fecha en un escrito: Jaén,10 de febrero de 2008.
  • Para separar los términos invertidos del nombre completo de una persona en una mención bibliográfica: CASSANY, Daniel: Tras las líneas.
El punto es el principal signo en la estructuración de un texto porque indica el final de una oración o enunciado. En muchos escritos, de estilo enfático y breve, el punto suele sustituir a la coma y al punto y coma.
El punto y seguido señala que aunque la oración esté completa, se sigue hablando del mismo tema; se continúa, por tanto, en la misma línea.
El punto y aparte marca el final de un párrafo con lo que se marca la distribución de las ideas en un escrito.
El punto y final indica que hemos terminado el texto.
El punto y coma marca una pausa corta pero más sostenida que la de la coma, intermedia, por tanto, entre la coma y el punto. Su uso va ligado al estilo de quien escribe y es cada vez menor frente al punto y la coma. Se utiliza:
  • Para separar elementos de una enumeración cuando se trata de expresiones complejas que incluyen comas.
  • Delante de conjunciones o locuciones conjuntivas como pero, sin embargo, por tanto, así pues,… cuando los periodos tienen cierta longitud y encabezan a la proposición a la que afectan.
  • En oraciones largas donde ya se ha empleado una coma.
Los dos puntos remansan el discurso para llamar la atención de lo que sigue. Tienen también una clara función conectiva. Se usan:
  • Antes de una cita textual.
  • Antes de realizar una enumeración o lista.
  • Después de los saludos en los correos y las cartas.
  • Antes de poner ejemplos.
  • Como nexo o conector causal, consecutivo y explicativo.
  • Para introducir un discurso directo.
  • Para introducir un comentario o una aposición.
Los puntos suspensivos suponen una interrupción del discurso o un final impreciso. Se suelen utilizar:
  • Cuando se deja una oración en suspenso, para mostrar expectación o dar algo por sobreentendido.
  • En las enumeraciones incompletas, con el mismo valor que etcétera.
  • Para reproducir las pausas enfáticas del habla que muestran la duda, el temor, la sorpresa,… de quien habla: ¿Seguro? … ¿Ahora?...Pero,…
Los paréntesis encierran elementos aclaratorios pero secundarios. Se emplean:
  • En las acotaciones teatrales, que informan de la representación y actuación de los actores.
  • Para precisar algún dato: fechas, lugares, autores, obras,…
  • En la transcripción de textos, se utilizan tres puntos entre paréntesis (…) para mostrar que se ha suprimido un fragmento del texto en la cita.
Las comillas dobles se utilizan en los siguientes casos:
  • Para reproducir una cita textual.
  • Al usar una palabra en sentido irónico, impropio o si es extraña.
  • A veces, para reproducir los pensamientos de los personajes en textos narrativos.
  • Para citar títulos de artículos, poemas, cuadros,…
La raya se usa:
  • Al comenzar, en un diálogo, el parlamento de un personaje.
  • Para aislar un inciso.
  • Para introducir o encerrar los comentarios o precisiones del narrador a las intervenciones de los personajes.
El guión se utiliza para:
  • Separar los miembros de palabras compuestas: fisíco-químico
  • Relacionar letras y números: M-30
  • Indicar que un grupo de letras forman parte de una palabra: el prefijo a- y el sufijo –able.
  • Para la división silábica al final de línea.
ERRORES MÁS FRECUENTES
  • Coma entre sujeto y verbo
Es un error muy frecuente que, como ya se ha expuesto, quizá tenga que ver con el hecho de hacer una pausa enfática tras el sujeto en el caso del discurso hablado o leído en voz alta:
Ayer, mis amigos, accedieron al encuentro.
  • Coma entre verbo y complementos
Este error es mucho más frecuente cuando el complemento está formado por una proposición subordinada sustantiva:
Entonces, armado con todo su arrojo, le pidió que le dijera la verdad.
  • Ausencia de coma con los vocativos, incisos, aposiciones, tras conectores, tras un complemento circunstancial inicial,…
Como se puede apreciar la mayor parte de los fallos tienen que ver con el uso o, más bien, la falta de uso de la coma, sobre todo entre vocativos, incisos, aposiciones, conectores, etc. Son cuantiosas las deficiencias en los textos que escribe el alumnado de Secundaria. No suele poner comas antes y después de un inciso y en el caso de que ponga alguna, suele omitir, por descuido o desconocimiento, sobre todo la segunda:
Pues que yo sepa actuamos honestamente, es decir hicimos todo lo que pudimos.
  • Ausencia del signo de dos puntos en citas en estilo directo
La norma a este respecto es muy clara; por tanto, el descuido o el desconocimiento han hecho su faena. A veces, se sustituyen los dos puntos por una coma o por un punto y coma como vimos en el ejemplo del champú:
El amigo le preguntó, ¿cuánto hace que llegaste al pueblo?
Para concluir este apartado, vamos a mostrar un ejemplo del comienzo de un texto expositivo escrito por alumnado del segundo ciclo de ESO, en el que, además de errores de otro tipo, se pueden apreciar las omisiones de comas y las confusiones entre la coma y el punto:
Según la definición la juventud esta tratada con mucha importancia, hoy en día se considera de los 15 a los 25 años, la cual a los 25 empieza la adultez. Durante este periodo los adolescentes pasan por una serie de problemas. Algunos sufren de  acne, a otros se le vienen el mundo encima, no son capaces de afrontar la vida con suficiente responsabilidad, las mujeres por ejemplo pasan por la menstruación que algunas no consiguen aceptarlo.

Reflexiones sobre la escritura

  • La diferencia entre la palabra acertada y la palabra casi acertada es la que hay entre la luz de un rayo y una luciérnaga. (Mark Twain)
  • Hay que darse cuenta de que redactar correctamente –lo cual no es un indicio de sensibilidad literaria- es ante todo un problema técnico y que debe resolverse a tiempo para que no se convierta en un problema psicológico. (Josep M. Espinas)
  • La identificación que supone el incorporar en el nuestro otro lenguaje es el fundamento de la inteligencia textual. (Emilio Lledó)
  • En ningún otro apartado del proceso de redacción se nota tanto la diferencia entre aprendices y expertos como en la revisión. (…) Los primeros sólo reparan las averías de su prosa (errores, incorrecciones, defectos), mientras que los segundos aprovechan la revisión para mejorar el escrito de pies a cabeza, para hacerlo más claro, intenso, completo. (Daniel Cassany)
  • Las tres cuartas partes de un trabajo bien hecho consisten en rechazar. (Paul Valéry)
  • Escribir es una forma de leer el desorden ordenado de tu interior. Escribir es leer. Sin más. Quien escribe siempre lee… (Víctor Moreno)
  • No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. (Oscar Wilde)
  • Llaneza, muchacho, y no te encumbres que toda afectación es mala. (Don Miguel de Cervantes)
  • La inspiración no es una siesta, sino una cacería. (José Antonio Marina)
  • Sin gramática, sólo se piensan tonterías. (Luis Landero)
  • Aquellos impecables escritores son los que nunca escribieron. (William Hazlitt)
  • Lee como una mariposa y escribe como una abeja. (Philip Pullman)
  • Sólo lo difícil es estimulante. (Emili Teixidor)
  • El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad. (Unamuno)
  • Escribir es vivir. (José Luis Sampedro)
  • Ser escritor es robarle vida a la muerte. (Alfredo Conde)
  • Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niega la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada. (Eduardo Galeano)
  • No afirméis jamás, aludid siempre: las alusiones se lanzan para sondar los ánimos e investigar los corazones. (Umberto Eco)
  • En la manera de escribir moderna decires mil se notarán extraños. (Jáuregui)
  • Sólo los enamorados, los adolescentes y Unamuno quieren ser sinceros y creen que pueden serlo. (J. C. Mainer)
  • Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, o los que no pintan o componen música, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana. (Graham Greene)
  • Nulle dies sine línea. (“Ningún día sin una línea”) (Plinio el Viejo)