Mostrando entradas con la etiqueta Breverdades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Breverdades. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de noviembre de 2014

Motivos para comentar


A poco que convengáis con Savater, puestos a asumir la sombra, es mejor vivir estos tiempos "asombrado" que "sombrío". Es decir, hay que enfrentar este presente difícil y desagradable que nos desanima con la pasión que la ocasión exige. Porque desde el pozo se ven mejor las estrellas. Tanto más si uno está recién caído de cabeza.

Pues bien, ¿qué tal si combatimos la corrupción con corrección? La ortográfica, si puede ser. Y la expresiva, que suele proceder de un buen discurrimiento que deriva de las rebeldes lecturas de la realidad. Porque, quizá ahora, nuestro mayor acto de rebeldía contra viajes senatoriales y atrocidades contables sea la voz sonora de nuestras verdades. Con comentarios a veces irónicos, a veces profundos, a veces líricos. Es tiempo de que (al contrario del cantar machadiano) de cada diez cabezas, nuestras nueve piensen para que la del poder ya no embista.

martes, 9 de abril de 2013

Acceso de infancia

61 años, 7 meses, 22 días                                                     Sábado, 1 de junio de 1985

Al final de "Greystoke", el viejo lord, durante una fiesta de Navidad, se mata resbalando por la escalera del castillo, sentado en una gran bandeja de plata que le sirve de trineo. De niño, bajaba con esa misma bandeja los peldaños desde la nursery, pero ya no tiene edad para eso, ya no controla la trayectoria y se mata en una curva. Su cabeza choca con un pesado pilar de madera. Gran pesadumbre de Tarzán. (Y de Grégoire.) El viejo lord ha sido víctima de un ataque de infancia. Eso debió de sucederme ayer cuando, de pronto, he jugado a asustar al perro. El niño brinca en mí muy a menudo. Presume de mis fuerzas. Todos estamos sujetos a esos accesos de infancia. Incluso los de más edad. Hasta el fin, el niño reivindica su cuerpo. no cede. Intentos de reapropiación tan imprevisibles como incursiones. La energía que despliego en esos momentos es de otra época. Mona se asusta viéndome correr tras un autobús o trepar a los árboles para coger una pieza de fruta fuera de alcance. No me da miedo que lo hagas, sino que unos segundos antes no pensabas en hacerlo.

Diario de  un cuerpo, Daniel Pennac.

El, en esta ocasión, sexagenario protagonista de Diario de un cuerpo, a partir de la muerte del viejo lord en la película Greystoke, desentraña sus propios accesos de infancia, algo así como la preeminencia de la energía infantil  sobre el carácter adulto. Y yo, a partir de sus ejemplos, caigo en la cuenta de mis propios accesos. Mis fingidos refriegas con mis niños. Esas que empezamos y, ya sanguíneos y agotados, no sabemos terminar, hasta que llega mamá y nos saca aún más los colores, especialmente a mí ( "...y el padre, el más niño").

O ese otro acceso (un mero hápax corporal) en que, cercano a la meta, me adelanta una joven corredora y, sin pensar hacerlo, emerge el niño que la alcanza, la sobrepasa y reivindica su cuerpo. Energía herida.

martes, 2 de abril de 2013

Fondo de "almario" a diario

Conforme el tiempo y mis dudas avanzan, más lector me siento. Profeso la lectoría. Y en tanto que leo, menos hesito sobre la primacía de la femínea alma. Por azar, armonizo estos días la lectura de dos obras sobre o con forma de diario: La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero y Diario de un cuerpo de Daniel Pennac. Ambas notables por nutricias. Rosa Montero hila logradamente las reflexiones que Marie Curie escribió en su diario tras la traumática muerte de su marido con su propia vida y sus propias muertes. ¡Qué capacidad la de estas mujeres para tentarse el alma! El libro de Pennac, un prodigio y un hallazgo. Un adolescente, a partir de sus miedos, decide escribir un diario  de los placeres y dolores de su cuerpo. Este culminará prácticamente con la muerte anciana del protagonista. Es tan físico este diario que no ahorra escatologías, ya excrementicias ya doctrinales. Pero cuando alguna anotación tiende a traspasar la epidermis y rozar lo sentimental, el protagonista se detiene para no torcer su físico propósito.

El otro día, a propósito del cuento de Borges Historia de los dos que soñaron, pedí a mis alumnos y alumnas que transformaran el final de este relato de tal modo que lo contara un narrador protagonista en forma de diario, especialmente una vez que el capitán de Isfaján cuenta su sueño al hombre de El Cairo. Pues bien, yo quisiera saber quién nos  adieta a los hombres el autoconocimiento. ¿Lo nuestro es lenta maduración o desatino programado ? Abrumado pude comprobar que a los adolescentes, chicos o grandes, nos falta  fondo de "almario". Me explico: nos falta tentarnos el alma, meter las manos dentro y manosearnos y ensancharnos para comprender nuestras angustias, nuestros miedos y nuestras ilusiones. No todas pero bastantes de mis alumnas hicieron oportunamente la actividad: encabezamiento con fecha, tono reflexivo más que narrativo en el que valoraban cómo el hombre de Isfaján había desperdiciado su sueño. En cambio, ningún chico  rozó un final en forma de diario. A lo más que llegaron  fue a contarlo en primera persona. Pero ni tono reflexivo ni fecha que lo enmarque. Todo un síntoma de almas solares, diáfanas... sin espesura, sin fondo.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Regomeyo

Según el DRAE, la palabra regomeyo tiene dos acepciones, una física y otra moral. En la primera se habla de un "malestar físico que no llega a ser un verdadero dolor". Para entendernos, podríamos considerarlo como algo emparentado con la molestia, el microdolor...; algo así como el escozor que produciría el roce del aguijón de un mosquito desganado e imberbe.

Por otro lado, la definición moral alude a un "disgusto que no se revela al exterior". Supongo que el aserto querrá decir que no se revela de forma explícita y notoria pues, aunque no sea abundante, si somos personas observadoras, podremos apreciar el regomeyo a nuestro alrededor. 

También menciona el Diccionario que estos términos son característicos de Andalucía y Murcia. Y, hasta donde yo alcanzo, es en su sentido "interior" como más se utiliza de forma coloquial. En este caso el regomeyo sería algo así como un leve disgusto, escrúpulo, incomodidad, contrariedad, desazón o desagrado cuya expresión casi siempre se comunica a través del rostro o de forma íntima, nunca mediante proceder estentóreo: una sutil mordida del labio inferior; un rosado azoramiento de mejillas; una mirada apurada, incierta y suspensa...

Por lo tanto, lo que caracteriza al regomeyo no es tanto la causa que lo origina como la forma de insinuarlo. El disgusto puede estar producido tanto por un agravio, como por una acción inoportuna o una ocasión perdida. Pero nunca el aspaviento delatará la aflicción.

Y como tengo el placer de frecuentar y haber frecuentado a personas apasionadamente regomeyosas, he dado en pensar que el regomeyo es consustancial tanto a la bondad como a la sabiduría. A la bondad porque esa desazón condesciende con las debilidades humanas y más que la increpación pretende el reconocimiento. A la sabiduría porque "ubi humilitas ibi sapientia". Y humilde se muestra quien siente regomeyo pues quizá su inquietud sea infundada, pasajera, y no merezca su entorno acrecentamiento de pesares. Mosquitos más severos ya nos escuecen el ánimo. Por cierto, no estaría mal que nos tentáramos el alma, no vaya a ser que andemos cortos de regomeyo y nos convenga pedir favor a labios, mejillas y ojos apasionados.

martes, 24 de julio de 2012

Salgamos de nuestras casillas

Escaque es según la RAE "cada una de las casillas cuadradas e iguales, blancas y negras alternadamente, y a veces de otros colores, en que se divide el tablero de ajedrez y el del juego de damas". De aquí deriva escaquearse que significa coloquialmente "eludir una tarea u obligación en común".
Podríamos pensar, entonces, que escaquearse sería algo así como "aislarse en la casilla o  casillas en que habitamos o que la costumbre nos ha asignado". Por lo tanto, escaquearse no es tanto escapar o huir, que implican acción y movimiento, como evitar la tarea común, que requiere pasividad y aislamiento. 
Ese quizá sea uno de los fundamentos de nuestra actual crisis: el individualista escaqueo que constituye nuestra sociedad, la categórica falta de proyecto común que nos lleva a que nadie asuma responsabilidades, mucho menos quienes nos gobiernan y administran. Quizá vaya siendo hora ya de  que nos salgamos de nuestras casillas y habitemos la calle dormida. No esperemos a que nos saquen.

lunes, 25 de junio de 2012

Pesares y gustos

Tiene que haber algo en nuestro cerebro y en nuestro corazón que nos lleve a juntar lo que va separado. Será por el calor o el consuelo que ofrece la juntura. Por más que aprendamos y enseñemos que a pesar de y a gusto se escriben separadamente, son más que habituales sus ayuntamientos. ¿Será que se está más a gusto "agusto"?

sábado, 23 de junio de 2012

Más ahuciar y menos desahuciar

Las palabras con las que nos valemos para darnos consuelo son también las que utilizamos como símbolos que  balizan la interpretación de nuestro presente. Fijémonos, a modo de ejemplo, en la actualidad de los desahucios y en el desuso de verbos transitivos (conforme RAE) como ahuciar con el significado de "esperanzar o dar confianza".

martes, 10 de abril de 2012

Le fait pédagogique

 Todo acto de enseñanza, si lo es, es fundacional. No es legar ni transmitir. Tiene que ver con enseñar a reanudar.

lunes, 26 de marzo de 2012

Linderos axiológicos

Entonces:  Nada vale todo, luego todo no vale nada.

Antes: Poco vale  todo, luego mucho no vale nada.

Después: Mucho vale todo, luego poco no vale nada.

Ahora: Todo vale todo, luego nada vale nada.

martes, 13 de marzo de 2012

Tener no es signo de malvado

Tener no es signo de malvado
y no tener tampoco es prueba
de que acompañe la virtud;
pero el que nace bien parado,
en procurarse lo que anhela
no tiene que invertir salud.

Silvio Rodríguez, Canción de Navidad