martes, 20 de enero de 2015

La activa comprensión

Partamos del siguiente texto del "goyizado" David Trueba:

 Distancia 

Ha sorprendido la reacción de los profesionales de la televisión en los instantes posteriores al desplome del jugador de fútbol Fabrice Muamba durante el partido que enfrentaba a su equipo, el Bolton, contra el Tottenham en White Heart Lane. La decisión de abrir el plano y mostrar panorámicas generales, optando por el respeto a la tragedia personal choca contra una sensibilidad ya inoculada entre nosotros, donde lo habitual es hurgar en el drama ajeno como si fuera un derecho que los espectadores se han ganado por la autoridad de asistir en directo al espectáculo. Por otro lado, esa actitud viene heredada de un periodismo triunfante que se considera al margen de cualquier norma, las mismas que exige de manera contundente a los demás actores públicos, en un ejercicio esmerado de incoherencia. Uno de los males mayores del periodismo proviene de considerarse una autoridad superior sobre la conducta social, algo así como jueces y tutores de las costumbres de toda persona en su radio de observación, pero jamás aplicar ese rigor a su acción profesional.

Por eso, que a órdenes del realizador los cámaras de la ESPN se distanciaran de lo que en ese momento estaba pasando, a algunos les sonaría más a autocensura que a respeto profesional. He ahí un buen examen personal para los espectadores. Los que sintieron que les escamoteaban un derecho, los que exigían, allí y en ese momento, presenciar la lucha por la supervivencia del deportista congoleño, atendían a un instinto. Los potentes teleobjetivos se apropiarían de los detalles más angustiosos para que pudieran repetirse una vez y otra en los noticiarios, en portales de Internet y en las redes sociales. Pasado un tiempo, desdramatizada la tragedia por la distancia, la agonía se podría utilizar en vídeos sacados de contexto y llenos de risas, como sucede siempre. Pero la cabeza del realizador funcionó a gran velocidad, con una consigna más constructiva. Mantener una mirada respetuosa e informativa, pero no carroñera. Parece fácil, pero estén seguros de que por la mente de los responsables de transmitir ese momento también cruzaron las tentaciones, el morbo y la obtusa idea del éxito popular. Si la actitud llamó la atención es porque desde hace tiempo nuestros ojos están en otras manos. 
David Trueba, El País, 18 de marzo de 2012



A continuación plantearemos dos formas distintas de responder a la organización de ideas del mismo, conforme a lo que se solicita en la 1ª pregunta de Comentario de Texto y Lengua Castellana y Literatura en las Pruebas de Acceso a la Universidad en Andalucía.

RESPUESTA A:

Este texto consta de dos partes:
  • En el primer párrafo el autor nos describe qué sucedió en un partido de fútbol en el cual un jugador se desplomó y la rápida actuación de las cámaras debido a la decisión tomada por el realizador de no mostrar imágenes dramáticas. 
  • En el segundo párrafo, nos da argumentos de por qué no mostraba estas imágenes y todas las consecuencias que conllevaría mostrarlas. Además, nos describe la posición que mantendrían algunos telespectadores de querer ver la supervivencia del deportista. 

RESPUESTA B:

·         Enumeración de ideas:


ü  Sorprende la decisión de mostrar el derrumbe de un jugador de fútbol en el campo mediante planos generales.
ü  Las imágenes panorámicas muestran un respeto por las tragedias personales.
ü  Las imágenes en detalle, ralentizadas y repetidas de una tragedia alimentan el morbo de los espectadores.
ü  Es habitual el deseo instintivo de los espectadores de hurgar en las tragedias ajenas.
ü  El periodismo triunfante se considera una autoridad moral sobre la conducta social.
ü  Ese periodismo triunfante se considera al margen de cualquier norma.
ü  Determinados espectadores pueden entender la distancia y el respeto informativo como autocensura de los medios.
ü  No es habitual mantener una mirada respetuosa e informativa sobre las tragedias.


·Organización de las ideas:



  Los medios de comunicación suelen alimentar el morbo sobre las noticias trágicas.
         
Ya que

Utilizan imágenes en detalle, ralentizadas y repetidas.

Pues
 
Se consideran al margen de cualquier norma

Por eso

Es habitual el deseo instintivo de los espectadores de hurgar en las tragedias ajenas.

Sin embargo

Hay ocasiones en que se mantiene una distancia respetuosa e informativa.

Aunque

Determinados espectadores puedan interpretarla como autocensura de los medios.

  • Tipo de estructura: inductiva ya que se inicia la columna periodística con la respetuosa retransmisión del desplome de Fabrice Muamba y se concluye con la tesis de que la mayoría de los medios alimentan nuestro morbo.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Motivos para comentar


A poco que convengáis con Savater, puestos a asumir la sombra, es mejor vivir estos tiempos "asombrado" que "sombrío". Es decir, hay que enfrentar este presente difícil y desagradable que nos desanima con la pasión que la ocasión exige. Porque desde el pozo se ven mejor las estrellas. Tanto más si uno está recién caído de cabeza.

Pues bien, ¿qué tal si combatimos la corrupción con corrección? La ortográfica, si puede ser. Y la expresiva, que suele proceder de un buen discurrimiento que deriva de las rebeldes lecturas de la realidad. Porque, quizá ahora, nuestro mayor acto de rebeldía contra viajes senatoriales y atrocidades contables sea la voz sonora de nuestras verdades. Con comentarios a veces irónicos, a veces profundos, a veces líricos. Es tiempo de que (al contrario del cantar machadiano) de cada diez cabezas, nuestras nueve piensen para que la del poder ya no embista.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Cómo conjurar la intemperie

Puestos en la necesidad de conjurar la intemperie (sol que achicharra o lluvia que inunda) y ya que no podemos evitar que quienes nos gobiernan y nos construyen la opinión nos cuenten cuentos, más valen aquellos que aleccionan y fortalecen el ánimo que estos contemporáneos y serviles que solo buscan tomarnos el pelo. Comencemos con uno de Nasrudín, ese Mulá (maestro), personaje mítico de la tradición popular sufí:

Un día de invierno, el juez encontró a Nasrudín en el mercado.
—Extraordinario—dijo pensativamente—llevo el más cálido de mis mantos forrados de piel y sin embargo, estoy helado por el viento. Mientras que tú, vestido con harapos, no pareces sentir el frío. ¿Cómo es posible?
—Un hombre que lleva encima toda su ropa no se puede permitir tener frío—contestó Nasrudín”.

Entereza y lección. Como en el microcuento de Augusto Monterroso, el dinosaurio de la crisis va para largo. Despertamos del sueño, caímos en el pasmo y hoy ya no hay quien duerma, no hay quien sueñe. Pero, también sabemos por Borges qué sucede a quien desprecia o ningunea sus sueños. Historia de los dos que soñaron es un cuento de ambientación oriental en el que el cairota Yacub El Magrebí, magnánimo y liberal, pierde todas sus riquezas (menos la casa de su padre) y tiene que trabajar (como nosotros) para ganarse el pan. Un día, rendido por el trabajo, sueña con un desconocido que le dice que vaya a buscar su fortuna en Persia, en Isfaján. Tras afrontar “los peligros de los desiertos, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres” (sobre todo de los hombres), topa en Isfaján con el capitán de los serenos que desprecia tanto el sueño cairota como el isfahaní propio, sin atender a su vínculo. “Bajo la sola fe de su sueño” y tras larga travesía de ida y vuelta, Yacub es recompensado.

Todavía un tercero cuento de ambientación oriental. De Ricardo Gómez, perteneciente a su libro Cuentos crudos en el que, pese a la crudeza de sus vidas, los personajes están cargados de esperanza. Así sucede en el titulado El cartero de Bagdad que de tal forma termina: 

Ojalá la noche fuera tranquila y no hubiese explosiones. Entre otras cosas, porque tenía ganas de trabajar y a él le gustaba su trabajo. Saludó a las mujeres en la cocina, un instante después de pensar que no había placer mayor en el mundo que el de ser cartero en Bagdad”.

Como la ficción nos enseña, no podemos permitirnos el lujo de tener frío ni despreciar nuestros sueños ni mucho menos desesperanzarnos, por más que el monstruo nos sobrecoja. Hay que darle la vuelta al cuerpo y al alma pues toda crisis conjuga peligros y oportunidades. En chino, la palabra “crisis” (weiji) se compone de dos ideogramas: Wei que se traduce como “peligro” y  Ji como “oportunidad”. El envés de una maldita realidad es un sueño liberador. Como alguna vez le he escuchado a Antonio Carvajal, tenemos derecho, hasta el fin de nuestros días, al sueño y al delirio.

martes, 28 de mayo de 2013

Profesa: déjate llevar

Profesar es ejercer una ciencia, oficio, arte...También enseñarlo con inclinación y continuidad. Incluso creer y obligarse a creer, no solo ni necesariamente en una doctrina, sino, para mi gusto, mejor en un afecto sentido, inclinado y perseverante.

Y todo camino porfiado comienza por unos primeros pasos en los que hay que dejarse llevar, godeo a godeo... hasta llegar al regodeo.


Por qué acre pudiendo alacre

Aclarémonos. Estamos hablando de alegría y presteza del ánimo para hacer algo. Cualidad básica de quien emprende y sostiene el empeño a pesar de las malaventuras o de los infortunios. Lo veo en mis alumnos y en mis compañeros. Mejor dicho, (fuera sexieufemismos), en mis alumnas y en mis compañeras. Afortunadamente, no es rasgo que singularice una determinada edad. Hay jóvenes displicentes que se inician en la profesión como si el mundo necesitara su espíritu quejoso y mayores vivaces que, con sus cotidianos gestos de celebración de la vida, alimentan las ganas de quienes les acompañan en su aventura. Será más bien cuestión de carácter e itinerario. Lo cual no obsta para que sigamos encontrando ejemplos que alimenten los tópicos (haberlas hailas) de la joven animosa y la mayor huraña; de la ingenua lozana y la experta desengañada. O el perito en acrimonias que decide extender sus asperezas por el ancho mundo. Por eso, sin duda, mejor alacre.


jueves, 11 de abril de 2013

El día de la primera eyaculación

66 años,  10 meses, 6 días                                          Jueves, 16 de agosto de 1990

"Polución", anuncia Mona metiendo las sábanas de los muchachos en la lavadora.  ¿Nocturna? Y diurna, precisa ella añadiendo un par de calcetines pegajosos y dos calzoncillos vitrificados por el esperma. Pues sí, para el moco se ha inventado el pañuelo, la escupidera para la saliva, el papel para las heces, aquí está el recipiente para la orina, el más fino cristal para las lágrimas del Renacimiento, pero nada específico para el esperma. De modo que, desde que el hombre es adolescente y descarga en todas partes donde le empuja la pulsión, intenta esconder su fechoría con los medios que tiene a mano: sábanas, calcetines, guantes de aseo, trapos, pañuelos, kleenex, toallas, borradores de redacciones, periódicos del día, filtro para café, todo sirve, incluso las cortinas, las bayetas y las alfombras. Siendo la fuente inagotable, siendo las pulsiones innumerables e imprevisibles, nuestro entorno es una vergonzosa jodienda. Es absurdo. Urge imaginar un receptáculo para el esperma que regalaríamos a cada jovencito el día de su primera eyaculación. El asunto estaría ritualmente regulado, sería la ocasión para una fiesta familiar. El muchacho llevaría su joya en bandolera, tan orgullosamente como su reloj de primera comunión. Y se la ofrecería a su prometida el día de los esponsales, concluye Mona, muy interesada en mi proyecto.

Daniel Pennac, Diario de un  cuerpo.

Este bizarro fragmento de Pennac me ha traído a la mente dos curiosas referencias que me desasosiegan. Por un lado, el cuento "El buscador" de Jorge Bucay. Por otro, el refrán paterno para desperezar al hijo remolón: "Quien mucho duerme, poco vive". ¿Será el tiempo eyaculado el verdadero tiempo vivido? ¿Caben varias poluciones en un sueño remoloneado? E incluso ¿tendrá algo que ver la habitual sustitución de las recias cortinas por los vaporosos visillos con la disminución de esperma en el hombre occidental?

miércoles, 10 de abril de 2013

El poder de la regla

43 años, 10 meses, 7 días                                             Jueves, 17 de agosto de 1967

Insulto de Bruno tras un acceso de mal humor de Lison: "¿Te sangra el conejo o qué?" Lison, que tal vez tenía la regla- a veces le resulta dolorosa-, enmudece sobrecogida. Y Bruno se ruboriza. Esas bromas gamberras sobre la regla de las jóvenes son una invariable histórica. Se huelen ahí un misterio femenino del que están excluidos, la intrusión de una complejidad que fundamenta a la mujer como misterio... El insulto a la muchacha convertida en mujer, cuando uno mismo se siente aún lejos de ser un hombre, es la venganza corriente de los jovencitos. Pero la potencia normativa producida por la doble homonimia de la palabra "regla" les intimida. Esta hermana a la que finjo despreciar es la detentadora de la regla. Posee el instrumento de medida. Dicta las reglas. Regula el curso de los astros. Esos gamberros querrían que la palabra "regla" asqueara, pero su homonimia impone.
Daniel Pennac, Diario de un cuerpo