lunes, 17 de noviembre de 2014

Motivos para comentar


A poco que convengáis con Savater, puestos a asumir la sombra, es mejor vivir estos tiempos "asombrado" que "sombrío". Es decir, hay que enfrentar este presente difícil y desagradable que nos desanima con la pasión que la ocasión exige. Porque desde el pozo se ven mejor las estrellas. Tanto más si uno está recién caído de cabeza.

Pues bien, ¿qué tal si combatimos la corrupción con corrección? La ortográfica, si puede ser. Y la expresiva, que suele proceder de un buen discurrimiento que deriva de las rebeldes lecturas de la realidad. Porque, quizá ahora, nuestro mayor acto de rebeldía contra viajes senatoriales y atrocidades contables sea la voz sonora de nuestras verdades. Con comentarios a veces irónicos, a veces profundos, a veces líricos. Es tiempo de que (al contrario del cantar machadiano) de cada diez cabezas, nuestras nueve piensen para que la del poder ya no embista.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Cómo conjurar la intemperie

Puestos en la necesidad de conjurar la intemperie (sol que achicharra o lluvia que inunda) y ya que no podemos evitar que quienes nos gobiernan y nos construyen la opinión nos cuenten cuentos, más valen aquellos que aleccionan y fortalecen el ánimo que estos contemporáneos y serviles que solo buscan tomarnos el pelo. Comencemos con uno de Nasrudín, ese Mulá (maestro), personaje mítico de la tradición popular sufí:

Un día de invierno, el juez encontró a Nasrudín en el mercado.
—Extraordinario—dijo pensativamente—llevo el más cálido de mis mantos forrados de piel y sin embargo, estoy helado por el viento. Mientras que tú, vestido con harapos, no pareces sentir el frío. ¿Cómo es posible?
—Un hombre que lleva encima toda su ropa no se puede permitir tener frío—contestó Nasrudín”.

Entereza y lección. Como en el microcuento de Augusto Monterroso, el dinosaurio de la crisis va para largo. Despertamos del sueño, caímos en el pasmo y hoy ya no hay quien duerma, no hay quien sueñe. Pero, también sabemos por Borges qué sucede a quien desprecia o ningunea sus sueños. Historia de los dos que soñaron es un cuento de ambientación oriental en el que el cairota Yacub El Magrebí, magnánimo y liberal, pierde todas sus riquezas (menos la casa de su padre) y tiene que trabajar (como nosotros) para ganarse el pan. Un día, rendido por el trabajo, sueña con un desconocido que le dice que vaya a buscar su fortuna en Persia, en Isfaján. Tras afrontar “los peligros de los desiertos, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres” (sobre todo de los hombres), topa en Isfaján con el capitán de los serenos que desprecia tanto el sueño cairota como el isfahaní propio, sin atender a su vínculo. “Bajo la sola fe de su sueño” y tras larga travesía de ida y vuelta, Yacub es recompensado.

Todavía un tercero cuento de ambientación oriental. De Ricardo Gómez, perteneciente a su libro Cuentos crudos en el que, pese a la crudeza de sus vidas, los personajes están cargados de esperanza. Así sucede en el titulado El cartero de Bagdad que de tal forma termina: 

Ojalá la noche fuera tranquila y no hubiese explosiones. Entre otras cosas, porque tenía ganas de trabajar y a él le gustaba su trabajo. Saludó a las mujeres en la cocina, un instante después de pensar que no había placer mayor en el mundo que el de ser cartero en Bagdad”.

Como la ficción nos enseña, no podemos permitirnos el lujo de tener frío ni despreciar nuestros sueños ni mucho menos desesperanzarnos, por más que el monstruo nos sobrecoja. Hay que darle la vuelta al cuerpo y al alma pues toda crisis conjuga peligros y oportunidades. En chino, la palabra “crisis” (weiji) se compone de dos ideogramas: Wei que se traduce como “peligro” y  Ji como “oportunidad”. El envés de una maldita realidad es un sueño liberador. Como alguna vez le he escuchado a Antonio Carvajal, tenemos derecho, hasta el fin de nuestros días, al sueño y al delirio.

martes, 28 de mayo de 2013

Profesa: déjate llevar

Profesar es ejercer una ciencia, oficio, arte...También enseñarlo con inclinación y continuidad. Incluso creer y obligarse a creer, no solo ni necesariamente en una doctrina, sino, para mi gusto, mejor en un afecto sentido, inclinado y perseverante.

Y todo camino porfiado comienza por unos primeros pasos en los que hay que dejarse llevar, godeo a godeo... hasta llegar al regodeo.


Por qué acre pudiendo alacre

Aclarémonos. Estamos hablando de alegría y presteza del ánimo para hacer algo. Cualidad básica de quien emprende y sostiene el empeño a pesar de las malaventuras o de los infortunios. Lo veo en mis alumnos y en mis compañeros. Mejor dicho, (fuera sexieufemismos), en mis alumnas y en mis compañeras. Afortunadamente, no es rasgo que singularice una determinada edad. Hay jóvenes displicentes que se inician en la profesión como si el mundo necesitara su espíritu quejoso y mayores vivaces que, con sus cotidianos gestos de celebración de la vida, alimentan las ganas de quienes les acompañan en su aventura. Será más bien cuestión de carácter e itinerario. Lo cual no obsta para que sigamos encontrando ejemplos que alimenten los tópicos (haberlas hailas) de la joven animosa y la mayor huraña; de la ingenua lozana y la experta desengañada. O el perito en acrimonias que decide extender sus asperezas por el ancho mundo. Por eso, sin duda, mejor alacre.


jueves, 11 de abril de 2013

El día de la primera eyaculación

66 años,  10 meses, 6 días                                          Jueves, 16 de agosto de 1990

"Polución", anuncia Mona metiendo las sábanas de los muchachos en la lavadora.  ¿Nocturna? Y diurna, precisa ella añadiendo un par de calcetines pegajosos y dos calzoncillos vitrificados por el esperma. Pues sí, para el moco se ha inventado el pañuelo, la escupidera para la saliva, el papel para las heces, aquí está el recipiente para la orina, el más fino cristal para las lágrimas del Renacimiento, pero nada específico para el esperma. De modo que, desde que el hombre es adolescente y descarga en todas partes donde le empuja la pulsión, intenta esconder su fechoría con los medios que tiene a mano: sábanas, calcetines, guantes de aseo, trapos, pañuelos, kleenex, toallas, borradores de redacciones, periódicos del día, filtro para café, todo sirve, incluso las cortinas, las bayetas y las alfombras. Siendo la fuente inagotable, siendo las pulsiones innumerables e imprevisibles, nuestro entorno es una vergonzosa jodienda. Es absurdo. Urge imaginar un receptáculo para el esperma que regalaríamos a cada jovencito el día de su primera eyaculación. El asunto estaría ritualmente regulado, sería la ocasión para una fiesta familiar. El muchacho llevaría su joya en bandolera, tan orgullosamente como su reloj de primera comunión. Y se la ofrecería a su prometida el día de los esponsales, concluye Mona, muy interesada en mi proyecto.

Daniel Pennac, Diario de un  cuerpo.

Este bizarro fragmento de Pennac me ha traído a la mente dos curiosas referencias que me desasosiegan. Por un lado, el cuento "El buscador" de Jorge Bucay. Por otro, el refrán paterno para desperezar al hijo remolón: "Quien mucho duerme, poco vive". ¿Será el tiempo eyaculado el verdadero tiempo vivido? ¿Caben varias poluciones en un sueño remoloneado? E incluso ¿tendrá algo que ver la habitual sustitución de las recias cortinas por los vaporosos visillos con la disminución de esperma en el hombre occidental?

miércoles, 10 de abril de 2013

El poder de la regla

43 años, 10 meses, 7 días                                             Jueves, 17 de agosto de 1967

Insulto de Bruno tras un acceso de mal humor de Lison: "¿Te sangra el conejo o qué?" Lison, que tal vez tenía la regla- a veces le resulta dolorosa-, enmudece sobrecogida. Y Bruno se ruboriza. Esas bromas gamberras sobre la regla de las jóvenes son una invariable histórica. Se huelen ahí un misterio femenino del que están excluidos, la intrusión de una complejidad que fundamenta a la mujer como misterio... El insulto a la muchacha convertida en mujer, cuando uno mismo se siente aún lejos de ser un hombre, es la venganza corriente de los jovencitos. Pero la potencia normativa producida por la doble homonimia de la palabra "regla" les intimida. Esta hermana a la que finjo despreciar es la detentadora de la regla. Posee el instrumento de medida. Dicta las reglas. Regula el curso de los astros. Esos gamberros querrían que la palabra "regla" asqueara, pero su homonimia impone.
Daniel Pennac, Diario de un cuerpo

martes, 9 de abril de 2013

Acceso de infancia

61 años, 7 meses, 22 días                                                     Sábado, 1 de junio de 1985

Al final de "Greystoke", el viejo lord, durante una fiesta de Navidad, se mata resbalando por la escalera del castillo, sentado en una gran bandeja de plata que le sirve de trineo. De niño, bajaba con esa misma bandeja los peldaños desde la nursery, pero ya no tiene edad para eso, ya no controla la trayectoria y se mata en una curva. Su cabeza choca con un pesado pilar de madera. Gran pesadumbre de Tarzán. (Y de Grégoire.) El viejo lord ha sido víctima de un ataque de infancia. Eso debió de sucederme ayer cuando, de pronto, he jugado a asustar al perro. El niño brinca en mí muy a menudo. Presume de mis fuerzas. Todos estamos sujetos a esos accesos de infancia. Incluso los de más edad. Hasta el fin, el niño reivindica su cuerpo. no cede. Intentos de reapropiación tan imprevisibles como incursiones. La energía que despliego en esos momentos es de otra época. Mona se asusta viéndome correr tras un autobús o trepar a los árboles para coger una pieza de fruta fuera de alcance. No me da miedo que lo hagas, sino que unos segundos antes no pensabas en hacerlo.

Diario de  un cuerpo, Daniel Pennac.

El, en esta ocasión, sexagenario protagonista de Diario de un cuerpo, a partir de la muerte del viejo lord en la película Greystoke, desentraña sus propios accesos de infancia, algo así como la preeminencia de la energía infantil  sobre el carácter adulto. Y yo, a partir de sus ejemplos, caigo en la cuenta de mis propios accesos. Mis fingidos refriegas con mis niños. Esas que empezamos y, ya sanguíneos y agotados, no sabemos terminar, hasta que llega mamá y nos saca aún más los colores, especialmente a mí ( "...y el padre, el más niño").

O ese otro acceso (un mero hápax corporal) en que, cercano a la meta, me adelanta una joven corredora y, sin pensar hacerlo, emerge el niño que la alcanza, la sobrepasa y reivindica su cuerpo. Energía herida.