domingo, 7 de octubre de 2012

Rae que te rae

Raer del latín radere significa según primera acepción del DRAE: "Raspar una superficie quitando pelos, sustancias adheridas, pintura, etc., con un instrumento áspero o cortante".  Tampoco es manca la tercera: "Extirpar enteramente algo, como un vicio o una mala costumbre"

En esta paradoja que es vivir, para lograr hay que dejar. Vivimos en el continuo dilema. Para que la herida cicatrice bien hay que asumir el dolor que produce la buena cura. Por contra, los tratamientos superficiales solo producen peorías disfrazadas que al final nos devuelven la más terrible de las faces de la llaga. Por lo tanto, (aunque lo más lúcido es casi siempre salirse del dilema) llegará ese momento en el que ya no valdrá poner cara de Jano bifronte, en el que habrá que elegir entre :

  • quedar o marcharse
  • ahondar o cerrar hueco
  • recordar pasado o proyectar futuro
  • apañarse escudo o blandir espada
  • abrirse el alma o cerrarse el cuerpo
  • echarse a cuestas los pensamientos o descargar los escrúpulos y las emociones.
  • ...
Porque a poco que nos expongamos (ya con la propia extrañeza del vivir) la vida nos rae, nos raspa la piel de adentro y las entrañas de afuera; nos quita el pelo (¿pintado?) y las costras adheridas. Y a veces pensamos que quien nos "marionetea" la existencia (dioses, demontres o uno mismo), tiene poca piedad de nosotras, criaturas indecisas. Pero no nos queremos dar cuenta de que el tiempo nos pierde aunque nos entretiene con la engañifa de que somos nosotros quienes decidimos nuestro futuro. Y digo yo, puestos a solventar, por qué no raer (en tercera acepción) esos descarríos que uno acostumbra como llegar tarde, caminar a saltitos, olvidar gafas y llaves...

Y ya puestos, ya puestos, ¿por qué no raer los puñeteros dilemas?

domingo, 16 de septiembre de 2012

Regomeyo

Según el DRAE, la palabra regomeyo tiene dos acepciones, una física y otra moral. En la primera se habla de un "malestar físico que no llega a ser un verdadero dolor". Para entendernos, podríamos considerarlo como algo emparentado con la molestia, el microdolor...; algo así como el escozor que produciría el roce del aguijón de un mosquito desganado e imberbe.

Por otro lado, la definición moral alude a un "disgusto que no se revela al exterior". Supongo que el aserto querrá decir que no se revela de forma explícita y notoria pues, aunque no sea abundante, si somos personas observadoras, podremos apreciar el regomeyo a nuestro alrededor. 

También menciona el Diccionario que estos términos son característicos de Andalucía y Murcia. Y, hasta donde yo alcanzo, es en su sentido "interior" como más se utiliza de forma coloquial. En este caso el regomeyo sería algo así como un leve disgusto, escrúpulo, incomodidad, contrariedad, desazón o desagrado cuya expresión casi siempre se comunica a través del rostro o de forma íntima, nunca mediante proceder estentóreo: una sutil mordida del labio inferior; un rosado azoramiento de mejillas; una mirada apurada, incierta y suspensa...

Por lo tanto, lo que caracteriza al regomeyo no es tanto la causa que lo origina como la forma de insinuarlo. El disgusto puede estar producido tanto por un agravio, como por una acción inoportuna o una ocasión perdida. Pero nunca el aspaviento delatará la aflicción.

Y como tengo el placer de frecuentar y haber frecuentado a personas apasionadamente regomeyosas, he dado en pensar que el regomeyo es consustancial tanto a la bondad como a la sabiduría. A la bondad porque esa desazón condesciende con las debilidades humanas y más que la increpación pretende el reconocimiento. A la sabiduría porque "ubi humilitas ibi sapientia". Y humilde se muestra quien siente regomeyo pues quizá su inquietud sea infundada, pasajera, y no merezca su entorno acrecentamiento de pesares. Mosquitos más severos ya nos escuecen el ánimo. Por cierto, no estaría mal que nos tentáramos el alma, no vaya a ser que andemos cortos de regomeyo y nos convenga pedir favor a labios, mejillas y ojos apasionados.

martes, 24 de julio de 2012

Salgamos de nuestras casillas

Escaque es según la RAE "cada una de las casillas cuadradas e iguales, blancas y negras alternadamente, y a veces de otros colores, en que se divide el tablero de ajedrez y el del juego de damas". De aquí deriva escaquearse que significa coloquialmente "eludir una tarea u obligación en común".
Podríamos pensar, entonces, que escaquearse sería algo así como "aislarse en la casilla o  casillas en que habitamos o que la costumbre nos ha asignado". Por lo tanto, escaquearse no es tanto escapar o huir, que implican acción y movimiento, como evitar la tarea común, que requiere pasividad y aislamiento. 
Ese quizá sea uno de los fundamentos de nuestra actual crisis: el individualista escaqueo que constituye nuestra sociedad, la categórica falta de proyecto común que nos lleva a que nadie asuma responsabilidades, mucho menos quienes nos gobiernan y administran. Quizá vaya siendo hora ya de  que nos salgamos de nuestras casillas y habitemos la calle dormida. No esperemos a que nos saquen.

lunes, 25 de junio de 2012

Pesares y gustos

Tiene que haber algo en nuestro cerebro y en nuestro corazón que nos lleve a juntar lo que va separado. Será por el calor o el consuelo que ofrece la juntura. Por más que aprendamos y enseñemos que a pesar de y a gusto se escriben separadamente, son más que habituales sus ayuntamientos. ¿Será que se está más a gusto "agusto"?

sábado, 23 de junio de 2012

Más ahuciar y menos desahuciar

Las palabras con las que nos valemos para darnos consuelo son también las que utilizamos como símbolos que  balizan la interpretación de nuestro presente. Fijémonos, a modo de ejemplo, en la actualidad de los desahucios y en el desuso de verbos transitivos (conforme RAE) como ahuciar con el significado de "esperanzar o dar confianza".

martes, 10 de abril de 2012

Le fait pédagogique

 Todo acto de enseñanza, si lo es, es fundacional. No es legar ni transmitir. Tiene que ver con enseñar a reanudar.

lunes, 26 de marzo de 2012

Linderos axiológicos

Entonces:  Nada vale todo, luego todo no vale nada.

Antes: Poco vale  todo, luego mucho no vale nada.

Después: Mucho vale todo, luego poco no vale nada.

Ahora: Todo vale todo, luego nada vale nada.