lunes, 5 de diciembre de 2011

Extravíos expresivos

En una nota de bienvenida a la escuela para familias, en un apartado relativo al uso de uniformes,  se lee el siguiente párrafo:

Tras la realización de una propuesta por parte del AMPA la cual fue posteriormente respaldada por la mayoría de padres y madres de nuestra escuela, a través de una encuesta realizada el curso pasado y cuyos resultados fueron la aprobación del uso del uniforme y que nuestro Equipo Educativo respetó, al igual se respetarán a aquellos padres que no quieran uniforme para sus hijos/as ya que su uso es con carácter voluntario.”

Es modélico este fragmento por la concentración de extravíos expresivos:

  • El párrafo está formado por una sola oración.
  • Hay faltas de concordancia y solecismos: “se respetarán a aquellos padres”.
  • Aparecen paráfrasis y circunloquios innecesarios que, por querer incluir lo obvio, alargan y complican la expresión.  Se confunde la claridad con la obviedad. Lo que el párrafo pretende señalar es  simplemente que, a propuesta del AMPA, se realizó una encuesta en la que la mayoría de las familias confirmó el deseo de que sus hijos e hijas utilicen uniforme. El carácter voluntario del mismo será respetado por el Equipo Directivo. 
Con la idea de querer decirlo todo, mediante la inclusión de numerosos matices y especificaciones, acabamos construyendo un texto con numerosos incisos que no sólo ralentizan la lectura sino que, peor aún, promueven su abandono. Así pues, llaneza sin encumbramiento, como dijera Cervantes.

Signos de puntuación

Es bastante frecuente encontrar textos impresos con errores de puntuación. En el anverso y reverso de la caja de un champú para el tratamiento de la dermatitis se lee: “Alivio sintomático de las alteraciones capilares descamativas, tales como; dermatitis seborreica, psoriasiforme, caspa y picor del cuero cabelludo”. Se puede apreciar en este mínimo texto la confusión entre el signo del punto y coma (;) y el de los dos puntos (:). Esto se debe, en gran medida, al descuido y desatención con que se tratan estos signos pues  se consideran errores menos llamativos que los ortográficos o sintácticos. Si jugamos con la etimología de la palabra texto como tejido, podríamos decir que un error ortográfico como “Se hechó a dormir” sería como una mancha de aceite en la solapa de una chaqueta: evidente, notoria y molesta. Un error de puntuación como “El animalito, buscó refugio en la cueva” supondría que la chaqueta tuviera una manga más larga que otra o no fuera de nuestra medida. Es más llamativa la mancha ortográfica pero más problemática la asimétrica puntuación.


También es cierto que las reglas de puntuación tienen un margen de subjetividad y, en ocasiones, su uso depende de las preferencias estilísticas de quien escribe: un punto y coma por una coma, un punto por un punto y coma, un punto y aparte en lugar de un punto y seguido,… A pesar de esto, los más frecuentes signos de puntuación tienen una serie de reglas claras y objetivas sobre su uso y su restricción.

Los signos de puntuación organizan un texto escrito y evitan la ambigüedad. Sin ellos sería muy difícil y tedioso entenderlo, a la vez que cabrían diferentes, si no contrarias interpretaciones. Con ellos organizamos diferentes oraciones o párrafos que hacen avanzar la información, separamos las ideas principales de las secundarias, ponemos en relación distintas acciones o cualidades y, en definitiva, damos coherencia y cohesión al texto.

Con frecuencia, se ha dicho que los signos de puntuación reproducen las pausas entonativas que realizamos al hablar. Esto no siempre es así, incluso en ocasiones lleva a confusión. A veces, al hablar hacemos pausas para enfatizar el discurso que no tendrán reflejo mediante signo de puntuación en la escritura. Así, por ejemplo, si queremos resaltar el punto de vista personal y la identidad de lo que decimos, podemos hacer una marcada pausa oral entre el sujeto y el verbo, que no tendrá reflejo en la escritura.

Por tanto, conviene evitar la relación entre entonación y signos de puntuación  y asociarlos mejor con la estructura sintáctica y semántica de la oración y del párrafo. A continuación se exponen las principales reglas de los signos de puntuación de mayor frecuencia de uso y los errores más comunes.

REGLAS DE PUNTUACIÓN
La coma una pausa corta que se produce dentro de un enunciado. Tiene usos variados:
  • Para separar los elementos de una enumeración o lista, sean estos sustantivos, adjetivos o proposiciones ya sean coordinadas o subordinadas: Confundía el uso de puntos, comas ,rayas, guiones,…
  • Para separar un inciso o aposición que se haga en el discurso: El uso de los signos de puntuación, no está de más señalarlo, es bastante errático./Tu hijo, Pablo, se abstrae con frecuencia.
  • Cuando en una oración hay dos sentencias opuestas con más, pero, aunque, sin embargo,…: David tenía sueño, pero no quería echarse la siesta.
  • Después de conjunciones o locuciones conjuntivas como entonces, es decir, por último, así pues, asimismo,…: Por último, debemos evaluar lo hecho.
  • Para separar el vocativo: Niña, espérame en el parque.
  • Cuando se suprime algún elemento previamente aludido. Entonces se coloca la coma en lugar del elemento suprimido, generalmente un verbo, para evitar la reiteración: Ellos quieren ir a la playa; nosotros, a disfrutar del bosque.
  • Tras un complemento circunstancial que inicia oración: Tras las vacaciones, cuesta reemprender los esfuerzos intelectuales.
  • Para separar el lugar y la fecha en un escrito: Jaén,10 de febrero de 2008.
  • Para separar los términos invertidos del nombre completo de una persona en una mención bibliográfica: CASSANY, Daniel: Tras las líneas.
El punto es el principal signo en la estructuración de un texto porque indica el final de una oración o enunciado. En muchos escritos, de estilo enfático y breve, el punto suele sustituir a la coma y al punto y coma.
El punto y seguido señala que aunque la oración esté completa, se sigue hablando del mismo tema; se continúa, por tanto, en la misma línea.
El punto y aparte marca el final de un párrafo con lo que se marca la distribución de las ideas en un escrito.
El punto y final indica que hemos terminado el texto.
El punto y coma marca una pausa corta pero más sostenida que la de la coma, intermedia, por tanto, entre la coma y el punto. Su uso va ligado al estilo de quien escribe y es cada vez menor frente al punto y la coma. Se utiliza:
  • Para separar elementos de una enumeración cuando se trata de expresiones complejas que incluyen comas.
  • Delante de conjunciones o locuciones conjuntivas como pero, sin embargo, por tanto, así pues,… cuando los periodos tienen cierta longitud y encabezan a la proposición a la que afectan.
  • En oraciones largas donde ya se ha empleado una coma.
Los dos puntos remansan el discurso para llamar la atención de lo que sigue. Tienen también una clara función conectiva. Se usan:
  • Antes de una cita textual.
  • Antes de realizar una enumeración o lista.
  • Después de los saludos en los correos y las cartas.
  • Antes de poner ejemplos.
  • Como nexo o conector causal, consecutivo y explicativo.
  • Para introducir un discurso directo.
  • Para introducir un comentario o una aposición.
Los puntos suspensivos suponen una interrupción del discurso o un final impreciso. Se suelen utilizar:
  • Cuando se deja una oración en suspenso, para mostrar expectación o dar algo por sobreentendido.
  • En las enumeraciones incompletas, con el mismo valor que etcétera.
  • Para reproducir las pausas enfáticas del habla que muestran la duda, el temor, la sorpresa,… de quien habla: ¿Seguro? … ¿Ahora?...Pero,…
Los paréntesis encierran elementos aclaratorios pero secundarios. Se emplean:
  • En las acotaciones teatrales, que informan de la representación y actuación de los actores.
  • Para precisar algún dato: fechas, lugares, autores, obras,…
  • En la transcripción de textos, se utilizan tres puntos entre paréntesis (…) para mostrar que se ha suprimido un fragmento del texto en la cita.
Las comillas dobles se utilizan en los siguientes casos:
  • Para reproducir una cita textual.
  • Al usar una palabra en sentido irónico, impropio o si es extraña.
  • A veces, para reproducir los pensamientos de los personajes en textos narrativos.
  • Para citar títulos de artículos, poemas, cuadros,…
La raya se usa:
  • Al comenzar, en un diálogo, el parlamento de un personaje.
  • Para aislar un inciso.
  • Para introducir o encerrar los comentarios o precisiones del narrador a las intervenciones de los personajes.
El guión se utiliza para:
  • Separar los miembros de palabras compuestas: fisíco-químico
  • Relacionar letras y números: M-30
  • Indicar que un grupo de letras forman parte de una palabra: el prefijo a- y el sufijo –able.
  • Para la división silábica al final de línea.
ERRORES MÁS FRECUENTES
  • Coma entre sujeto y verbo
Es un error muy frecuente que, como ya se ha expuesto, quizá tenga que ver con el hecho de hacer una pausa enfática tras el sujeto en el caso del discurso hablado o leído en voz alta:
Ayer, mis amigos, accedieron al encuentro.
  • Coma entre verbo y complementos
Este error es mucho más frecuente cuando el complemento está formado por una proposición subordinada sustantiva:
Entonces, armado con todo su arrojo, le pidió que le dijera la verdad.
  • Ausencia de coma con los vocativos, incisos, aposiciones, tras conectores, tras un complemento circunstancial inicial,…
Como se puede apreciar la mayor parte de los fallos tienen que ver con el uso o, más bien, la falta de uso de la coma, sobre todo entre vocativos, incisos, aposiciones, conectores, etc. Son cuantiosas las deficiencias en los textos que escribe el alumnado de Secundaria. No suele poner comas antes y después de un inciso y en el caso de que ponga alguna, suele omitir, por descuido o desconocimiento, sobre todo la segunda:
Pues que yo sepa actuamos honestamente, es decir hicimos todo lo que pudimos.
  • Ausencia del signo de dos puntos en citas en estilo directo
La norma a este respecto es muy clara; por tanto, el descuido o el desconocimiento han hecho su faena. A veces, se sustituyen los dos puntos por una coma o por un punto y coma como vimos en el ejemplo del champú:
El amigo le preguntó, ¿cuánto hace que llegaste al pueblo?
Para concluir este apartado, vamos a mostrar un ejemplo del comienzo de un texto expositivo escrito por alumnado del segundo ciclo de ESO, en el que, además de errores de otro tipo, se pueden apreciar las omisiones de comas y las confusiones entre la coma y el punto:
Según la definición la juventud esta tratada con mucha importancia, hoy en día se considera de los 15 a los 25 años, la cual a los 25 empieza la adultez. Durante este periodo los adolescentes pasan por una serie de problemas. Algunos sufren de  acne, a otros se le vienen el mundo encima, no son capaces de afrontar la vida con suficiente responsabilidad, las mujeres por ejemplo pasan por la menstruación que algunas no consiguen aceptarlo.

La vida de las metáforas

No nos podemos sustraer a ellas. Es casi inevitable sustituir unas expresiones por otras en virtud de alguna semejanza. Vivimos entre metáforas. Las necesitamos para no naufragar entre océanos de palabras. Podría haber hablado de la sensación de pérdida y de la amplitud de términos desconocidos pero el verbo naufragar y el sustantivo océanos han hecho más elocuente y sugeridora la expresión. Metafóricamente ampliamos las acepciones de muchas palabras para hacernos entender. Así ocurre, por ejemplo, con muchos términos de uso cotidiano: la cola del banco, el ojo de la cerradura, los brazos del sillón, la cabeza del pelotón.... La polisemia existe porque tenemos la capacidad de metaforizar.

También nos son valiosas las metáforas para escabullirnos, escurrirnos y salir de atolladeros argumentativos cuando los datos nos fallan. Entonces, podemos aludir a que tal situación es un círculo vicioso o tal otra es como si…

Pero hay que tener cuidado con la lógica de las metáforas o con el proceso alegórico pues, casi sin darnos cuenta, como bien señala Fernando Savater, podemos incurrir en contradicciones y acabar diciendo cosas tales como: “Ese es de los que por delante te dan palmaditas en la espalda, pero por detrás te pegan una patada en los cojones.”

ARS BENE DICENDI

Cuando afrontamos un texto nos hallamos ante variados problemas retóricos, pues hemos de intentar resolver cómo encarar el tono, el tema, el propósito, la ocasión, la adecuación, la imagen que de nosotros mismos damos y las personas a quienes  va destinado. Todo ello, porque de continuo estamos en la necesidad de resolver retóricamente nuestras necesidades comunicativas. ¿Cómo despedirnos de alguien con quien rápidamente hemos congeniado sin caer en lo hiperbólico? Hemos de ser afectivos pero cautos; la  medida será nuestro valor. Quizá un gesto en el que nos acerquemos la mano al corazón. ¿Valdrá la metáfora? Las emociones nos alteran y paralizan. Deseamos terminar y nunca acabar. ¡Cuántas paradojas!


La retórica según los clásicos es el ars bene dicendi o arte del bien hablar, técnica verbal  que se dirige especialmente a lograr la persuasión. Aunque su origen es ajeno a la literatura, parte del discurso oral político y judicial, es en ésta donde esplenden sus recursos. Sin embargo, nuestros discursos cotidianos están cargados de procedimientos retóricos, irreconocibles unos por desgastados, brillantes otros por elocuentes.

Aunque la retórica se ha transmitido reducida en gran medida a las figuras (elocutio),  está constituida por cuatro dimensiones más:  inventio, dispositio, memoria y actio. Las dos últimas tienen que ver sobre todo con la exposición oral y pública de los discursos, en un afán más bien profesional y teatralizado en el que cabría incluir a quienes profana o sagradamente oran, quienes  se dedican a la cosa pública,… Son las tres restantes (inventio, dispositio y elocutio) las fases o momentos de creación de cualquier texto o discurso  a las que más conviene atender.
La inventio es la inicial fase de búsqueda de los temas del texto. No tiene que ver tanto con la invención original de ideas como con el encuentro afortunado de los pensamientos o tópicos oportunos y valiosos. La cultura enciclopédica es el venero en el que los hallaremos.
La dispositio tiene que ver con el adecuado orden en que dispongamos las ideas venidas. Aquí interviene nuestra capacidad lógica para introducir, suceder, encadenar y concluir las ideas.
La elocutio es entonces el momento de la expresión verbalmente adecuada de los materiales hallados y ordenados. Expresión que requiere corrección gramatical, comprensibilidad y adecuada expresión o lo que es lo mismo: puritas, perspicuitas y ornatus. Como no siempre la primera ocurrencia es la mejor, interesa conocer algunos de los recursos o figuras retóricas que hacen más interesantes, emocionantes o deslumbradoras  nuestras expresiones. En este caso, las diferencias entre tropos o figuras, no son pertinentes para nuestros propósitos. En próximas entradas  vamos a enumerar y ejemplificar algunas de las más útiles, convenientes y productivas. La nómina es extensísima así como las posibilidades. Quien esté interesado en su conocimiento, ejemplificación y uso literario puede acudir también a la siguiente bibliografía:
  • Marchese, A. y Forradellas, J. (1989): Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria, Barcelona, Ariel.
  • Mayoral, José Antonio (1994): Figuras retóricas, Madrid, Síntesis.
  • Azaustre, A. y Casas, J. (1997): Manual de retórica española, Barcelona, Ariel.

Reflexiones sobre la escritura

  • La diferencia entre la palabra acertada y la palabra casi acertada es la que hay entre la luz de un rayo y una luciérnaga. (Mark Twain)
  • Hay que darse cuenta de que redactar correctamente –lo cual no es un indicio de sensibilidad literaria- es ante todo un problema técnico y que debe resolverse a tiempo para que no se convierta en un problema psicológico. (Josep M. Espinas)
  • La identificación que supone el incorporar en el nuestro otro lenguaje es el fundamento de la inteligencia textual. (Emilio Lledó)
  • En ningún otro apartado del proceso de redacción se nota tanto la diferencia entre aprendices y expertos como en la revisión. (…) Los primeros sólo reparan las averías de su prosa (errores, incorrecciones, defectos), mientras que los segundos aprovechan la revisión para mejorar el escrito de pies a cabeza, para hacerlo más claro, intenso, completo. (Daniel Cassany)
  • Las tres cuartas partes de un trabajo bien hecho consisten en rechazar. (Paul Valéry)
  • Escribir es una forma de leer el desorden ordenado de tu interior. Escribir es leer. Sin más. Quien escribe siempre lee… (Víctor Moreno)
  • No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. (Oscar Wilde)
  • Llaneza, muchacho, y no te encumbres que toda afectación es mala. (Don Miguel de Cervantes)
  • La inspiración no es una siesta, sino una cacería. (José Antonio Marina)
  • Sin gramática, sólo se piensan tonterías. (Luis Landero)
  • Aquellos impecables escritores son los que nunca escribieron. (William Hazlitt)
  • Lee como una mariposa y escribe como una abeja. (Philip Pullman)
  • Sólo lo difícil es estimulante. (Emili Teixidor)
  • El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad. (Unamuno)
  • Escribir es vivir. (José Luis Sampedro)
  • Ser escritor es robarle vida a la muerte. (Alfredo Conde)
  • Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niega la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada. (Eduardo Galeano)
  • No afirméis jamás, aludid siempre: las alusiones se lanzan para sondar los ánimos e investigar los corazones. (Umberto Eco)
  • En la manera de escribir moderna decires mil se notarán extraños. (Jáuregui)
  • Sólo los enamorados, los adolescentes y Unamuno quieren ser sinceros y creen que pueden serlo. (J. C. Mainer)
  • Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, o los que no pintan o componen música, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana. (Graham Greene)
  • Nulle dies sine línea. (“Ningún día sin una línea”) (Plinio el Viejo)

Decálogo sobre el uso del lenguaje no sexista por Mª Isabel Menéndez Menéndez

Diez normas básicas que deberían ser tenidas en cuenta en la redacción de cualquier texto administrativo: 
  1. Corregir el enfoque androcéntrico de las expresiones, buscando un lenguaje igualitario. Un lenguaje no excluyente permite crear referentes femeninos porque visibiliza a las mujeres, nombra correctamente a varones y mujeres, rompe estereotipos y neutraliza los prejuicios sexistas que afectan a unos y a otras.
  2. Es compatible el uso de las normas gramaticales y estilísticas con el uso no sexista de la lengua.
  3. Evitar el uso de tratamientos de cortesía innecesarios. En el caso de incluirlos, se utilizarán los siguientes: “don y señor” para varones y “doña y señora” para mujeres. Nunca se emplearán nombramientos que impliquen relaciones de dependencia o subordinación.
  4. El uso innecesario o abusivo del masculino genérico es un obstáculo a la igualdad real entre hombres y mujeres porque ocultarla a las mujeres y produce ambigüedad. Se evitará su utilización en textos y documentos.
  5. Para sustituir el masculino genérico se emplearán términos genéricos colectivos, abstractos o vocablos no marcados, perífrasis o metonimias. Cuando no produce ambigüedad, se puede omitir la referencia directa o bien utilizar infinitivos o pronombres.
  6. Se utilizarán, siempre que sea posible,  las denominaciones de cargos, profesiones y titulaciones en femenino, mediante el morfema de género y/o el artículo. Cuando su uso se haga en plural, se evitará la utilización del genérico masculino.
  7. En los casos en los que el texto se refiera a quien  posee la titularidad de una entidad, área o institución, el lenguaje se adecuará al masculino o al femenino en función de si se trata de un hombre o una mujer. Es importante recordar que el español tiene marca de género por lo que los cargos ocupados por mujeres deben recogerse en femenino.
  8. Los documentos administrativos deben dirigirse a la ciudadanía con fórmulas que nombren específicamente a las mujeres cuando se conoce su sexo. Cuando se desconoce quien será la persona destinataria, se usarán fórmulas que engloben a ambos sexos, evitando el uso del masculino genérico.
  9. El uso de dobletes mediante barras queda limitado a los formularios de carácter abierto y a determinados encabezamientos, no utilizándose en ningún caso en otro tipo de redactados.
  10. No podrá utilizarse, en ningún documento, la arroba @, porque no es un signo lingüístico, y no permite su lectura.

Decálogo del escritor por Augusto Monterroso

  1. Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
  2. No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
  3. En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: "En literatura no hay nada escrito".
  4. Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.
  5. Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
  6. Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy. Image
  7. No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
  8. Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.
  9. Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.
  10. Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
  11. No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
  12. Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratara de tocarte el saco en la calle, ni te señalara con el dedo en el supermercado.
El Decálogo, según el propio Torres, tiene doce mandamientos para que cada quien escoja los que más le acomoden, y pueda rechazar dos, al gusto. “Si la raza humana”, añade, “ha rechazado siempre la ley de Dios, ésta es una precaución hasta cierto punto ingenua".